Dialogando sobre Australidades.

Todas estáis de acuerdo, con matices, en eso de la sinceridad y la desnudez, que al final, podría resumirse en osadía a la hora de contarse y que definitivamente, si lo pensáis, carece de importancia, porque da exactamente igual que algo sea verdad o mentira , real o imaginario a la hora del poema que siempre termina por enseñar parte de nuestra personalidad: si eres visceral o programada, impúdica emocionalmente o escondida, valiente o cobarde, si temes a las palabras o te las pasas por el arco del triunfo, si escribes para tí o para el prójimo previendo sus reacciones, si acomodaticia o rebelde.... qué se yo, todo ese tipo de matizaciones de lo profundo que van creando la imagen de quién eres por dentro, a ojos de quien se moleste en leer tu obra con un mínimo de detenimiento, y justo a ése, no le importa en absoluto, la veracidad del cuento, sino lo que el cuento produzca en él.

Aun pudiendo ser muchas, aun siendo todas las mujeres, porque todas en algún momento nos pueblan la mente, a lo largo de lo escrito nos definimos como únicas y es entonces que la voz, asímismo, se proclama y se reconoce entre cientos, y una termina por ser lo que escribe.

Insisto, un poema no tiene que ser real sino parecerlo. Parecer real por encima de todo.

Todo esto para deciros que me alegra que a poetas tan distintas entre sí, como lo sois vosotras, os haya dicho cosas parecidas el poema, porque, siendo sincera, y aunque no siempre se puede evitar que la mente de un lector se dispare por su cuenta y riesgo, confundido, yo soy de las que me empeño en transmitir justo lo que escribo, quizás por eso me enoja ver a tanto criminal, tirando frases, símbolos y sinsentidos a la cuneta de lo que llaman poesía, para que llegue el hermenéutico de turno a irse por los cerros de Úbeda con el aplauso del que, inseguro, se siente menos inteligente que él por no entender un carajo (y no me río).

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