Trinitas




No quiero descubrir en la intemperie
ni a tu tierra
ni a tí
ni a su acechante espíritu
para morir contigo cualquier día de invierno

tu mente es como el páramo que habitas
abierta a lo imposible
desplegada
bajo una lluvia tensa de soledades rojas

sólo es tuya tu boca de campanas

tus manos entregadas y violentas
son de cualquier ser vivo que amanezca
en medio de tu pecho
y tu sangre de todos los cadáveres
que pueblan tu memoria

mis ojos como dos leopardos en la sombra
tu cuerpo bajo soles de sigilo incendiario

sólo en total silencio te contaré otros mundos
tan lejanos del tuyo trinitario


**********

Por recordar.


Me parece que éste es otro de tus poemas ventrales. Tu capacidad de abstracción pone a tus versos en la tesitura de un espejo, de un mirarse en el cristal del poema para hallar en él el propio rostro.

No puedo quitarme la sensación de reflejos que creo vislumbrar en tu trabajo. Ese diálogo a dos donde los personajes se encuentran en la ambigüedad y no ocultan nada de si mismos; claro que la transparencia puede ser un subterfugio más, pero creo que el lenguaje que usas requiere de una esencialidad en la comprensión, porque creo que es esencial tu forma de manifestarte aquí.

El baile de manos, de ojos, de bocas, de pechos ardientes... son los elementos del paraje de soledad, tensa, roja, lluviosa de esa imagen que se desdobla, o de esos dos que se hacen uno en la intención y en el descubrimiento.

La intuición me dice que morir un dia de invierno a la intemperie es inevitable y que es difícil vivir sin rostros que se claven en un cristal, creo que se necesita la imagen, poseerla, aunque sea el arma con la que uno se tienta la sien, como se necesita la tierra en donde se pisa y la mente que sea capaz de comprender lo esencial de los misterios, más los trinitarios.

Ya ves, Tejedora, pura proyección, pero es que me metes en tus poemas como si fuera un verso más.

Habrá que procurar el silencio para saber de esos mundos tan lejanos...

¡Cómo escribes, mujer, cómo escribes...!

Un beso, a la de los misterios.

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José Luis J. Villena





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