vestido de neblinas
ni perfiles mi boca
con tu dedo infecundo,
trepan todas mis sombras
por el borde del mundo
como una enredadera
de ausencias vespertinas.
Mi memoria no está
en los abrazos rotos
ni en el piélago hostil
de las miradas muertas,
ni en hombros abatidos
por pasadas reyertas,
ni en besos que movieron
antiguos terremotos.
No hay tiempo que perder,
la oscuridad avanza
a lomos del caballo
de la desesperanza
y no está mi futuro
en tus ojos remotos.
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