XIX. Desoladas.

Te tomo la palabra y te la doy
que mi instinto te sabe confiable,
por más que ladren perros, hoy por hoy,
pongo mi fe en tu nombre porque estoy
a un paso de asumirme inconsolable.

Hay quien muere de amor y hay quien nos mata
ahogados de amor que no sosiega.
Es la desolación que nos maltrata,
la soga memoriosa que nos ata
con el nudo gordiano de la entrega.

No existe marcha atrás ni circunstancia
que pueda devolvernos lo perdido.
Juramentados en la militancia
de la guerrilla abierta a su fragancia,
sólo somos dos solos sin olvido.

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Akhenazi. Espacio a tu costado.