XIV. Confesionales.

Convivo con su voz como con mis heridas
que se hacen más profundas al roce de las suyas
y él no me duele tanto por las llagas que excita
sino porque te acosa con la seguridad
de un dios desprejuiciado, amoral e inclemente.

Irremediablemente, la Verdad me repugna
y me repugnan muchas de sus grandes verdades
pero le reconozco desnudo y entregado
con el valor intacto del creado a sí mismo
que seduce a la muerte para retar la vida.

No es la primera vez que un altivo me impone
a través de vocablos, las manos en la frente
y me libera el chakra que activa el tercer ojo
ni es la primera vez que me descubro lluvia
incapaz de saciar la sed de un naufragado
militante ecuménico en las guerras del verso.

Caos de visionario telúrico, alarido
que enloquece las lenguas de la maledicencia.
Su argucia es ir derecho contra el fuego enemigo
la mía el disparate de irle abriendo brecha.



Nautas

Googleros

Akhenazi. Espacio a tu costado.