V. Amorosas

Y sin embargo yo, moriré hablando,
me romperé la boca con todas las palabras
que inventaste por mí,
arañaré el amor sobre otra espalda
como si fuera tuya
y signaré otra frente en tu memoria
breve y tenaz
tal como hiciste tú pese a mis ojos
tal como estás haciendo todavía
cuando resuenan todas tus tamboras.

Tu amor no me castró, me puso alas
y nada me atará pegada al barro.
No seré yo quien ponga
corazón
puertas al campo que me regalaste
con tu sensualidad de macho y vino
delicada y brutal como tu lengua.

No seré yo quien viva
sojuzgando metáforas de labio y entrepierna
y encerrando el coraje
en el sótano oscuro del por siempre jamás.

Aún es tiempo de
disturbios amorosos
que hagan saltar delfines en el aire.

Tiempo habrá de callar cara a la tierra
velándonos el sueño
cuando llegue.




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