centinelas de hielo tras la densa melena
y seguían mis pasos hasta el confín nocturno
donde los míos guardan bocas en cuarentena.
Donde las manos tiemblan criaturas de luto
en el albor fecundo del poema absoluto
que quiero darte virgen-duro-tierno-discorde.
Tus ojos me acechaban subiendo la colina
de rimas imposibles. Todo tú en la retina
de tus ojos de luna: plata inmisericorde.
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