con las manos atadas y los pasos sin huellas,
han germinado sombras como orgiásticas flores
de tallos espectrales, alunadas, lascivas.
No creas que me pierdo bajo la magia húmeda
de amor vaticinado por un Delfos caótico,
me consta que eres piedra de oscuras catedrales
que apuntan al infierno.
Aquí, donde me amas ebrio de sensaciones
que especulan orgasmos de azul literatura,
no hay nada que yo pueda fingir que no te finja.
Mis uñas se han clavado en tu templario hermético
y aún así, por herirte, inventaré una noche
de filos aguzados donde el azar decline
desesperadamente, sus poemas de vidrio.
Aquí, donde me amas, se pudren las luciérnagas
y cuelgan de las letras los futuros baldíos.
Aquí surgen las hordas de tus versos salvajes
para matar los míos.
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