con el dolor ajeno, no se inmuta
con altos ideales ni permuta
pecadores por justos. No perdona
al inocente ni se condiciona
con la obsesión de otros por la astuta
presencia de la muerte que disputa
a la vida su estatus de anfitriona.
La conciencia es un lujo que recula
ante una buena paga y disimula
lo injusto cuando el medio es arbitrario.
El que creó las reglas no contaba
con hombres que le dan vuelta a la taba.
Ergo, no has sido nunca un mercenario.
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